Si sólo pudiera no olvidarme de esto a veces.
Cantar trae alegrías a mi vida. Me hace sentir que hay un motivo para la vida terrenal, me hace agradecer infinitamente al Dios en el que creo por hacer posible descubrir una nueva voz y escucharla como si fuese una caja musical de la que emana el sonido. Me hace conectarme conmigo misma, como si fuera una especie de yoga, que me eleva y me une con el universo. ¡En verdad siento a Dios en la música!, y al cantar vivencio lo divino en mí misma. Todo se une.
Creo que atravieso un momento trascendental en mi vida: estoy descubriendo mi voz; estoy aprendiendo a conectarme conmigo misma, estoy aprendiendo a acariciar la música y compartir el amor que siento por ella, para que toque otros corazones. De algún modo, estoy elevando mi espíritu acercándome a la música. Y estoy logrando frutos en el camino, dando saltos, avanzando con asombro. En verdad tengo algo dentro encarcelado y es reconfortante dejarlo en libertad.
Además, me estoy yendo a vivir sola por un tiempo, un cambio que me hará salir de una realidad en muchos ámbitos insana. Comienzo, por otro lado, a hacer deporte (con el mismo fin del canto, pero también para verme mejor y sentirme más saludable). Y creo que son eventos sincronizados con este crecimiento personal que no tan sólo es musical, sino humano y espiritual.
Siento que encontré algo que quiero hacer por el resto de mi vida, más que mi propia carrera universitaria.
El desafío es encontrar la forma de seguir mis sueños.

