Todos los años escribo un recuento del año y los aprendizajes y cambios, pero creo que esta vez la tarea me queda grande.
Ha sido un año enormemente bendecido con alegrías y mucha tristeza también, con la ganancia de un novio y la pérdida de un hermano, con la crisis familiar más significativa de mi vida y, paralelamente, el cumplimiento de mi sueño de atender pacientes y descubrir a la terapeuta que nació conmigo hace casi 24 años... y hey! no lo hace nada mal!
Creo que Dios bendice de muchas maneras diferentes, y todo este año he tenido la oportunidad de conocerlo mejor y entender sus señales. Todo el sufrimiento que he tenido y que he tenido también mi familia se ha traducido en cambios que eran necesarios desde hace muchos años, y que en estos tiempos ya comienzan a hacerse notar.
La vida pasa muy rápido cuando se vive apasionadamente, y creo que el siempre tener sueños amados hace que esté siempre llena de emociones y viva intensamente. No existen pequeñeces cuando se trata de sueños: ESTOY CUMPLIENDO EL SUEÑO DE CASI 13 AÑOS DE MI VIDA, VOY A SER PSICÓLOGA. Y eso abre puertas para otros anhelos, y ha permitido sanarme y ayudar a otros a sanar (incluida mi familia), siendo un instrumento de la bondad de Dios, que me ha permitido sufrir para crecer y fortalecerme y así poder servir y cumplir mi misión en este mundo.
Este año tengo una nueva estructura familiar, en donde los límites son más claros y las expresiones afectivas más fluidas. Además, estoy creando, desde los brotes, a mi nueva familia; Pablo, con quien me caso a principios del siguiente año, en unos 3 meses más. Es decir, además de amar y ser amada, tengo la oportunidad de tener mi propia familia.
Soy bendecida cada día y agradezco a Dios por todo lo que me ha permitido ganar y perder. Hoy soy una mujer más segura, empoderada, capaz de ayudar a otros y más feliz.
Viene un año de inserción en el mundo laboral, de independencia, de matrimonio, gato y casa nueva, de soñar y luchar... de una nueva etapa de vida con una nueva familia que cuidar.
domingo, 28 de diciembre de 2014
miércoles, 23 de abril de 2014
"Yo vengo a ofrecer mi corazón"
Atender a
mi primer paciente, un pequeño de dos años que parece un terremoto, que me dejó
la espalda mojada y el cuerpo cansado como si hubiera jugado básquetbol toda la
tarde, con el corazón en la garganta por al menos dos días. Estar esperando la
atención de pasado mañana de un niño con familia multiproblemática cuya
historia me resuena y me afecta desde antes de conocerlo y de otro niño que
posee algún trastorno general del desarrollo y que trataré mediante el curso de
TGD en el que estoy inscrita. Inscribirme en cuanto curso acreditado encuentro,
para encontrar trabajo al salir de la carrera y para formarme lo mejor posible
(TGD, Parentalidad e Infancia Temprana, WAIS y próximamente, WISC, y por
supuesto, si aparece alguna otra cosa interesante, estaré también dispuesta a
encalillarme otro poco). Haber aprendido a usar cheques para pagar estos cursos
y haber pagado un curso entero completamente de mi bolsillo. Moverme en un
espacio nuevo, que es un espacio laboral, en el que tengo nuevos requerimientos
administrativos y un reglamento. Comenzar a vivir la atención psicológica que
he esperado llevar a cabo desde hace 12 años. Cometer errores, aprender…. Encontrar
a los profes, pedir auxilio cada vez que tengo la oportunidad, buscar
contención y alguien con quien hablar de todo esto. Todo en tanto que trabajo
la relación con mis padres, a fin de que ya no me demanden visitas a la casa,
que comprendan que ya no volveré allá a vivir y que aun así los sigo queriendo
mucho. Esto ha sido invitándolos a un café de mi gusto y pagando yo,
conversando de muchas cosas y explicándoles por qué no me gustar ir a verlos a
la casa, y que prefiero mostrarles mi cariños y crear buenos recuerdos con
ellos en otros lugares… y que ellos hayan entendido, y además me ofrezcan su
apoyo económico para pagar los cursos…
Todo en una
semana. Qué digo una semana. En media!
Mi estómago ha estado con mariposas desde que estoy en la práctica, porque amo esto, porque sé que será un año desafiante y hermoso, porque se vienen grandes, grandes cambios, y porque me veo crecer, irreversiblemente.
Mi estómago ha estado con mariposas desde que estoy en la práctica, porque amo esto, porque sé que será un año desafiante y hermoso, porque se vienen grandes, grandes cambios, y porque me veo crecer, irreversiblemente.
Es tanto,
es tanta emoción junta. Es tan abrumadoramente emocionante, que me llena de
amor por mí misma y por quienes me rodean, incluidos los pacientes, que creerán
en mí y por quienes estoy comprometida a avanzar en esto, y mejorar. Para ellos
y para mi vida: “quién dijo que todo está perdido?; yo vengo a ofrecer mi
corazón”.
La vida me
sonríe, la vida cambia, la vida se pone hermosamente cuesta arriba, y voy
creciendo velozmente en el trayecto, con grandes recompensas.
jueves, 20 de febrero de 2014
23 años
"El enigma 23 es la extraña frecuencia de este número en diferentes sucesos de nuestra vida diaria, o sino, en sucesos que creemos significativos" (no vale la pena dejar la referencia, pero justificaré esta cita enseguida)
Es probable que Pablo (mi pololo) haya sido, durante este último año y 7/8 meses, un catalizador de cambios necesarios en mi vida. Muy probable. Y de ahí la razón de que se me acelere el corazón de sólo pensar que empiezo este año con tanta responsabilidad, y tanto por ganar y dejar atrás. Soy consciente de qué debo cambiar, al menos de una parte de mí bastante considerable que quiero y necesito modificar, para no repetir eternamente los patrones relacionales, menos aun (oh, no) con la familia que pretendo formar en algún momento (ni hablar de lo transgeneracional, sería demasiada carga para mis hombros!)Se me abrió la cabeza en un TEC abierto y me estremezco, entra una ventisca fría e incómoda a mi confortable zona, y pretendo moverme de ahí y descubrir que sí puedo crear otra realidad para mi vida y de paso para los que me rodean.
Ay! Por si fuera poco, el contexto me pone a prueba, el pasado ronda y amenaza con hacerse presente... pero de no ser por ésto, no habría descubierto la necesidad de cambio. Más que miedo siento ansias, siento esa emoción que se puede sentir antes de subir a un escenario a cantar el the great gig in the sky... incluso más; siento lo que puede sentir un alpinista que escala la montaña más alta en su trayectoria, poniendo en riesgo su vida porque sabe que al llegar arriba su existencia ya no volverá a ser igual.
Oh! Y este año empiezo mi práctica y supervisiones en clínica. Coincidencia? No señores!
Estoy dispuesta a cambiar, y a cambiar brusca y significativamente.
Si hay algo que me motiva, mucho más que mi propio bienestar, es cerrar el círculo. Es decir, quiero crear una familia casi absolutamente distinta a la familia en la que crecí. Ya no puedo (y quizás nunca pude) cambiar la de origen, pero puedo generar un ambiente de paz, de amor, de apoyo y comprensión, de confianza y expresiones de afecto, donde hayan muchas risas y respeto mutuo, donde la tendencia sea aligerar los aires, y atreverse a intentar cosas nuevas, sin exigencias exageradas, ni vejaciones, ni opresiones, ni injusticias, sino amor. De modo que los hijos que crie no crezcan con mis miedos, con mis paredes, mis rabias ni mis angustias. Que nada de lo que yo viví traspase otra generación.
Mi expectativa es alta, y es mi lucha diaria. Si no me esfuerzo desde ahora, será difícil conseguir cambiar lo suficiente. Cambiar por mi libertad, y cambiar por los hijos que para mí ya han nacido, porque ya los he querido desde hace mucho tiempo.
23, bienvenidos sean.
Con Dios y con Newen!
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Hay frases que marcan...
"When you forgive, you love, and when you love, god's light shines on you"- Into the wild
Gandhi
"Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre" --- Mahatma Gandhi ---
La mujer del mar
Dalai Lama
"las emociones son destructivas cuando dejan de tener un propósito"