Atender a
mi primer paciente, un pequeño de dos años que parece un terremoto, que me dejó
la espalda mojada y el cuerpo cansado como si hubiera jugado básquetbol toda la
tarde, con el corazón en la garganta por al menos dos días. Estar esperando la
atención de pasado mañana de un niño con familia multiproblemática cuya
historia me resuena y me afecta desde antes de conocerlo y de otro niño que
posee algún trastorno general del desarrollo y que trataré mediante el curso de
TGD en el que estoy inscrita. Inscribirme en cuanto curso acreditado encuentro,
para encontrar trabajo al salir de la carrera y para formarme lo mejor posible
(TGD, Parentalidad e Infancia Temprana, WAIS y próximamente, WISC, y por
supuesto, si aparece alguna otra cosa interesante, estaré también dispuesta a
encalillarme otro poco). Haber aprendido a usar cheques para pagar estos cursos
y haber pagado un curso entero completamente de mi bolsillo. Moverme en un
espacio nuevo, que es un espacio laboral, en el que tengo nuevos requerimientos
administrativos y un reglamento. Comenzar a vivir la atención psicológica que
he esperado llevar a cabo desde hace 12 años. Cometer errores, aprender…. Encontrar
a los profes, pedir auxilio cada vez que tengo la oportunidad, buscar
contención y alguien con quien hablar de todo esto. Todo en tanto que trabajo
la relación con mis padres, a fin de que ya no me demanden visitas a la casa,
que comprendan que ya no volveré allá a vivir y que aun así los sigo queriendo
mucho. Esto ha sido invitándolos a un café de mi gusto y pagando yo,
conversando de muchas cosas y explicándoles por qué no me gustar ir a verlos a
la casa, y que prefiero mostrarles mi cariños y crear buenos recuerdos con
ellos en otros lugares… y que ellos hayan entendido, y además me ofrezcan su
apoyo económico para pagar los cursos…
Todo en una
semana. Qué digo una semana. En media!
Mi estómago ha estado con mariposas desde que estoy en la práctica, porque amo esto, porque sé que será un año desafiante y hermoso, porque se vienen grandes, grandes cambios, y porque me veo crecer, irreversiblemente.
Mi estómago ha estado con mariposas desde que estoy en la práctica, porque amo esto, porque sé que será un año desafiante y hermoso, porque se vienen grandes, grandes cambios, y porque me veo crecer, irreversiblemente.
Es tanto,
es tanta emoción junta. Es tan abrumadoramente emocionante, que me llena de
amor por mí misma y por quienes me rodean, incluidos los pacientes, que creerán
en mí y por quienes estoy comprometida a avanzar en esto, y mejorar. Para ellos
y para mi vida: “quién dijo que todo está perdido?; yo vengo a ofrecer mi
corazón”.
La vida me
sonríe, la vida cambia, la vida se pone hermosamente cuesta arriba, y voy
creciendo velozmente en el trayecto, con grandes recompensas.