Bueno... ¿y ahora qué?
cuando silvas y las aves no responden,
cuando el agua del gotero se gotea,
cuando la sangre pierde el temple
y las garras deben defender, pero no dañar.
¿Qué?
Cuando la arena cae,
cuando el beso se acaba,
cuando llega el adiós
y no dices nada.
¿Sirve escapar?
Si al quedarte un susurro te hace fuerte
pero duele como aliento de cristales
si la arena sólo piensa en resistirse
y resistes la peor de las tempestades.
Sí, tú resistes,
pero no, ya no eres tú.
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