Yo estaba afuera. En un afuera que era, para mí, más adentro que otra cosa. Adentro no era yo, adentro nadie era nadie, adentro todos gritaban y yo dependía del volumen de mi equipo de música. Adentro no me gustaba. Afuera sí.
Por eso, afuera era mi hogar, afuera era mi adentro.
Sin embargo… afuera no tenía familia…
Así que volví. Entré. Salí. Sirvió para recordar por qué me gusta más afuera. |
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