Hay cosas que me apenan de la sociedad... realmente me apenan, veo que el mundo funciona al revés, más y más en decadencia. He crecido en una burbuja protectora, la clásica burbuja que los padres soplan para que rodee a sus hijos toda la vida. Pero olvidan que el jabón no es fuerte, y un pequeño pinchazo deja entrar la realidad completa del mundo, demonios y aberraciones incluidas, cual caja de pandora, pero a la inversa.
Y uno se pregunta ¿cómo es que no entienden... (la gente)? ¿cómo no se dan cuenta del agujero que están cavando? ¿cómo no sienten, quemando en el alma, la falta de amor? ¿cómo... llegó a quedar tan desastrado todo esto?
El ser humano es poderoso, inmesurablemente ingenioso, e increíblemente estúpido... si bebe agua, la contamina; si respira oxígeno, lo cambia por monóxido; si come algo sano, pues le suma grasas, colesterol, sal, azúcar y por si fuera poco, termina haciéndolo transgénico... cuántos años de trabajo que tienen aquí su fruto...
Nos queremos tan poco y estamos tan apurados que la rutina nos lleva de un asiento a otro; de la cama a la silla, de aquí al asiento de la micro, la silla de la sala de clases, el asiento de la micro, la silla del comedor, el sillón del living, la silla del comedor.... la cama. El sedentarismo se recuesta en el diván mientras la obesidad y el sobrepeso gozan del carácter de epidemia a nivel mundial (OMS).
La sociedad hoy en día, y desde aquellos antiguos años del siglo XVIII (Revolución Industrial), se mueve en función de la producción y el éxito. Amor, y sus componentes subyacentes, equivalen a debilidad y, por consecuencia, a fracaso. En tal caso, quienes privilegien el amor ante el trabajo se transformarían automáticamente en los peces pequeños, las sardinas que sirven para ser devoradas por los peces gordos de ciudad. "Éxito" entonces, se afilia con "supervivencia", la ley de la selva aplicada a la ciudad, en seres humanos que son plenamente consciente de ella, maestros inclusive, en su manejo.
Entonces la gente roba; las minorías étnicas sienten y acumulan rabia; los políticos quieren más poder; los ricos son más ricos; los pobres son más pobres; las casas son cárceles con ventanas tapadas con barrotes y puertas acribilladas de cerrojos, seguros, alarmas y candados; los gobiernos gastan en armas y material bélico*, cuando podrían invertir eso en educación y alimento, pues hay gente que muere de hambre; hombres y mujeres hacen uso de internet para engañar a quien esté al otro lado de la pantalla; abusos, violaciones, estafas, asesinatos; la gente trama venganzas... mientras vive a la defensiva; los recursos naturales se agotan; los animales se agotan... ¿es que la vida pierde importancia frente al "progreso"?, la música y el arte ya no importan... no son prácticos...
¿Qué nos está pasando?... nos falta confianza. Ya nadie confia en nadie, y qué horrible, pues es un círculo vicioso bien difícil de cortar... Me duele el alma, me duele el mundo...y pienso en los niños...
All you need is love... All you need is love... All you need is love...!!
Quiero creer que el mundo aún puede cambiar... quiero amar, quiero que ames, quiero que el mundo DE VERDAD quiera paz...
*(Chile,junto a Colombia, Venezuela y Brasil son los países latinoamericanos que invierten las mayores sumas de dinero en adquisiciones de nuevas armas o en renovación de su material bélico obsoleto, sin embargo, nuestro país es uno de los que menos invierte en educación a nivel latinoamericano; 3,1% del PIB, siendo 7% lo recomendado por la UNESCO)

Hay mucho que quisiera comentar de lo que escribiste, y muchas maneras para hacerlo. Quizás brevemente no lo logre, pero tampoco quiero aburrirte. Chile invierte poco en educación por legado directo del gobierno militar, que modificó la constitución para liberalizar el mercado y hacer que las escuelas fueran rentables como negocios. Antes no era así, sino todo lo contrario, y la universidad era gratuita.
ResponderEliminarRecuerdo lo que escribimos en la tarde, sobre el amor y el fracaso, sobre el materialismo y el éxito. Yo también creo que la norma general del mundo es cruel, pero no creo que seamos crueles universalmente. Pienso que lo que sucede es que nos falta visión, no entendemos lo que hacemos, y una vez que está hecho ya no nos podemos arrepentir. De pronto nos vemos envueltos en problemas con soluciones apuradas, y tenemos quemada la capa de ozono y nos están dializando la sangre porque el petróleo nos está matando.
Nos falta claridad. Me falta claridad. Algunas veces veo hacia afuera y son tantas las cosas que suceden, algunas anulándose entre sí como en un bote roto donde por más agua que saquemos no vamos a poder flotar. La complejidad resulta abrumadora, y por eso no me atrevo a culpar a nadie por no tener la visión lo suficientemente clara como para saber qué exactamente es lo correcto. Pese a todo sé que los mecanismos que accionan la mayoría de las progresiones son muy fríos.
En el mundo, no sólo nosotros sino también en los otros animales o seres, operan los principios de Darwin. La debilidad es asimilada por la extinción. Muchas veces la caridad o la buena conciencia son penalizadas. Quizás en algún momento de la historia existió una tribu que se regía con una conciencia social perfecta. Quizás ellos pensaban en el amor, en la entrega y en el compañerismo. De haber existido, es muy posible que otra tribu haya visto los beneficios de recibir el amor de los amorosos, y así ellos hayan desaparecido para siempre al darles todo lo que tenían; su comida, sus tierras, sus casas.
Cuando pienso en estas cosas no logro excluirme a mí mismo. Sé que he vivido y sé que aunque no tenga intenciones perversas, muchos de mis logros significan que otra persona no haya logrado los suyos. Si alguna vez te ganas una beca, quiere decir que otro la perdió. Si alguna vez consigues una gran posición, quiere decir que otro no la obtuvo. Y no sólo uno, sino muchos. En un nivel muy profundo siempre actuamos por la lógica de la supervivencia y no lo podemos evitar, porque ocupamos un lugar en el mundo y para seguir vivos necesitamos validarlo.
Es más fácil ver la mezquindad en las grandes corporaciones, en los grupos masivos o en las entidades ciegas. Generalmente culpamos a los ricos, empresarios, políticos o mandamases. No los justifico, y tampoco pienso que no se debieran criticar. A mí me cuesta hacerlo con fuerza y furia, porque no sé bien cuanto hay en mí de aquello que me repulsa, cuanto he perdido yo en un tiempo viciado en el que me alejo de aquel ideal que espero sea la felicidad.
Como a ti, hay cosas que me apenan mucho. A veces siento que no lo soporto y me encapsulo en mí mismo como tapándome con una almohada en la cabeza. Entonces creo que necesito desaparecer para intentar ver mejor qué está pasando, conmigo y con todos. A veces no resisto y creo que es mejor minimizar mi mundo hasta una esfera en donde pueda cuidarlo, como una pequeña planta a la que poder darle agua, aunque en mi corazón desearía poder regar el amazonas. En esos momentos sé que me falta fe.
ResponderEliminarEn otros veo una belleza profunda que me supera y abruma. Porque pese a todo amo el mundo, y constantemente quiero aprender y saber cómo funciona y qué es, cómo se hace, qué se siente acariciar, qué significa que hablemos ahora, o por qué en ocasiones pareciera asfixiarme de sensaciones ante cuestiones mínimas; como las hojas pegadas en el techo de un auto, formando un esquema desafiante y azaroso, o la tibieza de la casa de mi abuela cuando vivía, o el aroma que tienen las mañanas en que ha habido niebla y luego se despeja a mediodía (es un aroma dulce, penetrante, cuando lo respiro siento que viviré más, que se me agrandan los pulmones).
Como a ti, también, me gusta mucho el arte. Desde niño, desde siempre. Desde la soledad, casi siempre; desde las sensaciones, la memoria y la provocación a vibrar con la belleza etérea de algunas cosas. En el orden del mundo no se puede vivir de eso. El orden del mundo generalmente te azota con parquedad y violencia, y a veces te vence. A veces te dejas vencer y entras en espirales imposibles con rutinas que te queman por dentro, aspirando alcanzar aún nuevas rutinas, más producidas y todavía más absorbentes. De pronto te detienes y te desconoces. Es una sensación terrible.
Echo mucho de menos. A veces echo de menos el futuro perfecto que podríamos haber tenido si fuésemos mejores. Otras veces echo de menos el pasado y su ternura me quiebra. Recreo imágenes triviales y las extraño, porque ha sido muy bueno vivirlo, y veo mucha bondad en él aunque no lo haya entendido en ese momento. Miro hacia atrás como miro hacia el futuro, y me invade una sensación de gratitud por estar, simplemente. Tanto, que quisiera compartirlo con todas las personas. Pero estoy lleno de trabas y confusiones. No puedo salir allí fuera y decir algo. Usualmente sólo puedo mirar y refrendar una normalidad que en el fondo me es ajena.
Prefiero llegar de otra forma, o llegar después. Quizás no sé cómo llegar. Quizás sólo quiero flotar un poco más y admirar la transparencia del cielo donde hay cielo. Sentir la sangre fluir con fuerza por mis brazos como la energía eléctrica, y penetrar el frío de estos días con la música que invento sonando en mi cabeza. Quizás quiero que lo que tú deseas se cumpla, y en algún momento todo confluya en un mundo que no te duela, y que te abrigue y que te guste.
Porque yo también quiero vivir allí.