Lo veía cada semana en el supermercado. Con un poco de suerte, a veces se topaban de frente.
Era una muchacha buena para caminar. De pasos largos, de piernas fuertes. Y caminando a veces también lo veía pasar.
... Unas cuantas luces entre tantas miradas, unas cuantas miradas entre tanta luz.
Y cuando las luces bajaron, otra vez se encontraron, y hablaron de poesía, de viajes, de formas de pensar.
... Unas cuantas luces entre tantas miradas, unas cuantas miradas entre tan poca luz.
Suficiente anduvieron para robarse un beso, y todos los demás. Suficiente para mezclarse con el rocío matinal. Suficiente para aprender a mirarse con tan poca luz.
La luna los vio. Saludaban el infinito. Pero ella no se quería enamorar...
No había luces, porque no había miradas... ya no había miradas cuando llegó la luz...

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