23 años
"El enigma 23 es la extraña frecuencia de este número en diferentes sucesos de nuestra vida diaria, o sino, en sucesos que creemos significativos" (no vale la pena dejar la referencia, pero justificaré esta cita enseguida)
Es probable que Pablo (mi pololo) haya sido, durante este último año y 7/8 meses, un catalizador de cambios necesarios en mi vida. Muy probable. Y de ahí la razón de que se me acelere el corazón de sólo pensar que empiezo este año con tanta responsabilidad, y tanto por ganar y dejar atrás. Soy consciente de qué debo cambiar, al menos de una parte de mí bastante considerable que quiero y necesito modificar, para no repetir eternamente los patrones relacionales, menos aun (oh, no) con la familia que pretendo formar en algún momento (ni hablar de lo transgeneracional, sería demasiada carga para mis hombros!)Se me abrió la cabeza en un TEC abierto y me estremezco, entra una ventisca fría e incómoda a mi confortable zona, y pretendo moverme de ahí y descubrir que sí puedo crear otra realidad para mi vida y de paso para los que me rodean.
Ay! Por si fuera poco, el contexto me pone a prueba, el pasado ronda y amenaza con hacerse presente... pero de no ser por ésto, no habría descubierto la necesidad de cambio. Más que miedo siento ansias, siento esa emoción que se puede sentir antes de subir a un escenario a cantar el the great gig in the sky... incluso más; siento lo que puede sentir un alpinista que escala la montaña más alta en su trayectoria, poniendo en riesgo su vida porque sabe que al llegar arriba su existencia ya no volverá a ser igual.
Oh! Y este año empiezo mi práctica y supervisiones en clínica. Coincidencia? No señores!
Estoy dispuesta a cambiar, y a cambiar brusca y significativamente.
Si hay algo que me motiva, mucho más que mi propio bienestar, es cerrar el círculo. Es decir, quiero crear una familia casi absolutamente distinta a la familia en la que crecí. Ya no puedo (y quizás nunca pude) cambiar la de origen, pero puedo generar un ambiente de paz, de amor, de apoyo y comprensión, de confianza y expresiones de afecto, donde hayan muchas risas y respeto mutuo, donde la tendencia sea aligerar los aires, y atreverse a intentar cosas nuevas, sin exigencias exageradas, ni vejaciones, ni opresiones, ni injusticias, sino amor. De modo que los hijos que crie no crezcan con mis miedos, con mis paredes, mis rabias ni mis angustias. Que nada de lo que yo viví traspase otra generación.
Mi expectativa es alta, y es mi lucha diaria. Si no me esfuerzo desde ahora, será difícil conseguir cambiar lo suficiente. Cambiar por mi libertad, y cambiar por los hijos que para mí ya han nacido, porque ya los he querido desde hace mucho tiempo.
23, bienvenidos sean.
Con Dios y con Newen!
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